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El día que Churchill engañó a Roosevelt con una supuesta invasión nazi a Sudamérica (Publicado en Infobae, 23/10/2021)

01.11.2021 - Internacionales

Durante los dos primeros años de la Segunda Guerra Mundial las relaciones personales y políticas entre Winston Churchill y Franklin Roosevelt no eran estrechas ni de mutua confianza. A lo largo de 1940, tras la evacuación de las tropas inglesas de las playas de Dunkerque en mayo de ese año, el primer ministro británico soportaba estoicamente las críticas políticas por los constantes bombardeos de la fuerza aérea alemana sobre las principales ciudades de Inglaterra. Roosevelt, por su parte, triunfaba en las elecciones presidenciales de noviembre de 1940, logrando acceder a un tercer mandato al frente de la Casa Blanca, al tiempo que defendía la doctrina de neutralidad y de no intervención en el conflicto finalizado en mayo de 1945, que provocó la muerte de alrededor de sesenta millones de personas.

La Segunda Guerra Mundial había comenzado el 1° de septiembre de 1939 cuando Adolf Hitler invadió Polonia. Pocos días antes, el 23 de agosto, Alemania y la Unión Soviética habían firmado un pacto de no agresión durante diez años, a partir del cual Hitler y Stalin se comprometían a mantener la paz entre ambos países. El 3 de septiembre de 1939, Gran Bretaña y Francia, que cinco meses antes habían fracasado en la protección de las fronteras de Polonia, declararon la guerra a Alemania.

Un año más tarde, el 27 de agosto de 1940 el Führer firmaba el llamado Pacto del Eje junto a los gobiernos de Japón y de Italia. El acuerdo tripartito comenzaba expresando que “Japón reconoce y respeta el liderazgo de Alemania e Italia en el establecimiento de un nuevo orden en Europa”. Y a continuación agregaba que “Alemania e Italia reconocen y respetan el liderazgo de Japón en el establecimiento de un nuevo orden en la Gran Asia Oriental”.

En junio de 1941 Hitler rompió definitivamente sus vínculos con Stalin y decidió la invasión de la Unión Soviética a partir de la llamada Operación Barbarroja, que marcaría seis meses después la primera gran derrota de Alemania en la Segunda Guerra, y que para muchos historiadores y analistas militares fue el principal error estratégico cometido por Hitler durante el conflicto bélico.

 

80 años de un mapa falso que cambiaría la historia

En este contexto, el 27 de octubre de 1941 el presidente Roosevelt decide pronunciar un discurso transmitido por radio a todo el país. El mandatario demócrata afirmó con preocupación que tenía en su poder “un mapa secreto realizado por el gobierno de Hitler que muestra sus planes para un nuevo orden mundial’'. Se trata de un mapa de Sudamérica y de parte de América Central que exhibe la reorganización propuesta por el propio Hitler”.

La historia real de ese falso mapa que llegó a la Casa Blanca, y que junto al ataque sorpresa realizado el 7 de diciembre de 1941 por la Armada Imperial de Japón al puerto militar estadounidense de Pearl Harbor, situado en el archipiélago de Hawai, determinó la declaración de guerra de los Estados Unidos a los países del Eje encabezados por Alemania, fue un engaño magistral aprobado por Winston Churchill para intentar quebrar la férrea neutralidad que Roosevelt mantenía respecto a la contienda.

A partir de la invasión nazi a Francia y a los Países Bajos entre mayo y junio de 1940, sumado al ingreso activo de Italia como país aliado de Alemania, el premier británico decidió organizar una estructura de inteligencia en los Estados Unidos que estaría al mando de William Stephenson, un empresario industrial de origen canadiense que había sido un héroe de la aviación durante la Primera Guerra Mundial. El objetivo de la organización ultrasecreta conocida como British Security Coordination (BSC) era investigar las actividades alemanas en territorio norteamericano para prevenir el sabotaje contra los intereses británicos en las Américas, además de influir en la opinión pública y en el gobierno de Roosevelt sobre los riesgos ciertos de una invasión nazi a los países de América del Sur.

Stephenson logró forjar una estrecha amistad con William Donovan, el director de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), y también con Edgar J. Hoover, el director del FBI. “Intrepid”, tal el nombre en clave de Stephenson, llegó al círculo íntimo del presidente Roosevelt a partir de su amistad con Robert Sherwood, asesor y ghost writer de los discursos del jefe de la Casa Blanca. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) sería creada en septiembre de 1947 durante la presidencia de Harry Truman y teniendo como modelo al servicio secreto británico.

Las oficinas de la BSC funcionaban en los pisos 35 y 36 del Rockefeller Center, en pleno centro de Manhattan, bajo la cobertura ficticia de un organismo denominado “Oficina de Control de Pasaportes Británicos”. Aunque formalmente Stephenson dependía del director del MI6 (Servicio de Inteligencia Exterior), Stewart Menzies, las actividades de la BSC en territorio estadounidense eran monitoreadas personalmente por el propio Churchill.

El 6 de diciembre de 1941, un día antes del ataque a Pearl Harbor, Stephenson inauguró en la costa noroeste del lago Ontario en Canadá, el llamado cuartel de entrenamiento secreto bautizado como Camp X, que estaba destinado a entrenar a centenares de agentes encubiertos en los métodos de contraespionaje, operaciones clandestinas y falsificación de todo tipo de documentos. En ese lugar se habría confeccionado el mapa falso que utilizó el presidente Roosevelt en su discurso del 27 de octubre de 1941.

El organismo secreto dirigido por Stephenson estaba integrado por notables académicos y figuras de la cultura británica, destacándose entre otros, el filósofo Alfred Jules Ayer, el novelista Roald Dahl, el famoso publicista David Ogilvy, el historiador y estrecho amigo de Churchill, William Deakin. También tuvieron contacto profesional con los hombres de Stephenson, aunque orgánicamente no pertenecieron a las filas de la BSC, el filósofo Isaiah Berlin y el historiador Hugh Trevor-Roper.

El mapa falso fue confeccionado por un grupo de agentes integrado por Ivar Bryce, un estrecho amigo de Ian Fleming, el creador de la saga de novelas de James Bond, quien además se desempeñó durante la guerra como analista de inteligencia naval, y por los críticos culturales, Eric Maschwitz y Gilles Playfair. Las memorias con las actas de la Coordinadora de Seguridad Británica fueron escritas por el académico escocés Gilbert Highet y por Roald Dahl, el creador de Willy Wonka y de Matilda.

Y como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el amplio despliegue de espías nazis en territorio argentino durante los primeros años de la guerra, los agentes de Stephenson (des) informaron a los funcionarios norteamericanos afirmando que el mapa lo habían obtenido en una arriesgada operación de inteligencia llevada adelante en la ciudad de Buenos Aires a partir de un accidente automovilístico provocado para capturar al espía alemán que tenía el documento en su poder.

Más de medio siglo después quedaría demostrado que las fake news para justificar las guerras se pueden poner en práctica tanto en formato analógico como digital.


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